Grandes Temas en Dos Volumenes

Cuento un poco menos corto

Al salir esta noche de la oficina me encuentro que en Plaza Venezuela hay un horrible trancón. Al mismo tiempo me consigo a un compañero de la oficina que había salido unos minutos antes pero que también se había quedado abajo por dicho trancón. Decidimos ambos dirigirnos al McDonald’s allí cercano para tomar un refresco y charlar mientras bajaba la cola.

Cuando llegamos al McDonalds, justo delante mío en la cola estaba una señora de avanzada edad que tenía problemas para expresar lo que quería. Veo que en sus manos tiene un pasaporte de los Estados Unidos. Le pregunto en inglés que si tiene problemas pidiendo yo le puedo ayudar a traducir. Me responde que está bien, que ya lo tenía todo cubierto. De hecho, sólo le faltaba decir que quería un nestea y que se lo diesen para llevar. En ese momento ella paga con su tarjeta de crédito.

Cuando ella termina, y mientras yo estoy ordenando, me dice en un precario español que ella desea hacerme una pregunta, pero que por su complejidad, me la iba a hacer en inglés. Allí cambia el idioma y me dice que es chavista.

Aparte de decirme que es chavista, me dice que lleva siempre un sombrero rojo y una estrella roja en su hombro (aunque en ese momento no lo llevaba), y que le causaba curiosidad que sus compañeros de ideología no lo llevaran. Ella les preguntó que por qué no llevaban esto siempre, y le respondieron que es que ellos lo llevaban de vez en cuando, pero que lo decían con inseguridad. Básicamente, que ella sentía que había cierto miedo entre los chavistas a expresar su ideología. Y me preguntó que qué opinaba de ello.

Entre completar y pagar mi propia orden, le dije que entre los venezolanos existe ese miedo, ya que estamos en un país sumamente polarizado y que la política en cierta forma es un tabú. Lamentablemente no pude responderle como hubiese querido, porque ella recibió su bolsa de comida y se despidió.

Me hubiese gustado poderle decir que le invitaba un café para conversar sobre todas esas cosas y conocer su punto de vista. Y por supuesto, no hubiese dejado de mencionarle que es muy afortunada de poder pagar libremente una comida en un lugar fuera de su país.